Surface Design & Glaze

Difficulty: Intermediate
August 1 – September 15
Mondays @ 6-8pm

Servilletas amarillas

Get it Today!

iTunes

Amazon

Short Stories

Category: Memoirs

Excerpt

Servilletas Amarillas y otras Historias de la Vida Real es un libro que nos transporta a nuestra propia niñez y adolescencia. Nos lleva a recordar las travesuras y a sentir de nuevo la emoción, el candor y la inocencia de niñez. Es una colección de anécdotas de la vida cotidiana de una familia de cinco hijos, en la que los personajes principales son los tres hermanos intermedios. Cada una, las historias de Servilletas Amarillas nos cuenta la historia de la autora desde niña y hasta su vida adulta ya casada e incluso con hijos. 

Abarcan una época de la ciudad de México, que va desde los años sesenta hasta la actualidad, pasando por eventos como las Olimpiadas de México en 1968 y la llegada del hombre a la Luna. 

Desde los ojos de una niña traviesa e ingenua, que nos comparte su primera visión de las cosas, podemos ver las peleas con los hermanos, las maldades inocentes, los primos, las tías, la servidumbre, las mascotas, como perros, gatos, patos, gallos, sea monkeys e incluso azotadores, los juguetes que nunca se olvidan, la relación con los vecinos, las primeras salidas sin adultos, el peligro de algunas travesuras, entre otras. 

LA ROSCA

La cucaracha y Ella se miraron impactadas, pero fue Ella la primera en reaccionar con un grito tal que, si no fuera por el cochambre que los protegía, hubiera roto los vidrios de la cocina. Para la cucaracha, el grito fue aún más impresionante que el haber visto a… Ella.

¿Qué clase de humano era ese, y por qué gritaba así?

Y como la cucaracha no estaba dispuesta a seguir escuchando esa horrible voz, corrió a toda velocidad hacia su guarida, y una vez dentro, se quedó toda temblorosa preguntándose qué había sucedido. Hasta las alas se le habían desacomodado de la impresión. No era la primera vez que se topaba cara a cara con un ser humano, pero sí la primera que el humano se comportaba tan extraño. Las otras personas con las que había tratado, cuando mucho le habían dado un manotazo para alejarla de sus platos y seguían comiendo como si nada, pero nunca habían gritado, a excepción de las malas palabras que de vez en cuando se decían entre ellos cuando estaban enojados.

Ella hubiera querido correr, pero sus piernas no se movían, por lo que seguía gritando cuando su marido la encontró paralizada señalando un lugar en la cocina. Lo que acababa de sucederle era lo peor del mundo. Tendría que haber estado loca para dejar su antigua casa y mudarse a esta pocilga. Pero ya era demasiado tarde para lamentaciones, ya ni siquiera vivía en la misma ciudad y todas sus cosas estaban al alcance de esa asquerosa cucaracha que acababa de correr.

El marido la tranquilizó, diciéndole que no se preocupara, que fuera a ver a sus hijos mientras él solucionaba el asunto de la cucaracha, que seguramente se había metido a la casa aprovechando que la casa estaba vacía, que en cuanto la matara se acabaría el problema.

Por supuesto que toda esa palabrería era mentira, no tenía tiempo para perseguir cucarachas. Era mucho más importante arreglar la puerta de la entrada, así es que se limitó a rociar un poco de insecticida en el lugar que su mujer señalaba como perro pointer cuando la encontró petrificada gritando.

Ella pasó toda la noche asustando cucarachas imaginarias que se le subían por las piernas, que le caminaban por la cara y que la obligaban a rascarse los brazos continuamente. Y a la mañana siguiente, cuando llegó su hermana para ayudarle a desempacar, lloró sobre su hombro la desgracia del día anterior.

Pero de pronto, recordando que por ella estaba en esa ciudad invadida de repugnantes cucarachas, le gritó con odio que era su culpa, que las cucarachas contagiarían a sus hijos horribles enfermedades. Y cuando ya no supo qué más decirle, volvió a llorar abrazando a su hermana.

La hermana comprendió que Ella estaba pasando por un difícil periodo de adaptación, así es que la dejó acostada y fue a la cocina a ver con qué armas contaba para acabar con la suciedad que atraía a las cucarachas. Sacó todos los limpiadores y desinfectantes que encontró y los acomodó uno tras otro, para que ninguno se quedara sin ser usado. Entonces, se dio a la difícil tarea de limpiar esa sucia casa, preguntándose quiénes habrían sido los dueños anteriores y cómo es que podían vivir entre tanta suciedad.

Desde su escondite en la cocina, la cucaracha percibió un extraño olor, un olor que nunca había tenido esa casa. Olía a limpio y ese olor definitivamente no le agradaba. Además, con horror descubrió que todos los restos de comida que antes encontraba fácilmente por todo el piso de la cocina, estaban desapareciendo, y en su lugar aparecía un piso brillante y lustroso.

La cucaracha tuvo miedo, un miedo horrible de perder la vida. ¿Qué comería si esa mujer seguía limpiando? De pronto recordó que aún tenía algo que la salvaría. Muchos meses antes, cuando fue Día de Reyes, los dueños anteriores de la casa compraron una rosca, de la cual comieron casi la mitad. Para que no les estorbara, la pusieron en la parte superior de la alacena y después se olvidaron de ella por completo. Y ahora, meses después, la rosca seguía allí.

En un descuido de la hermana, la cucaracha corrió tan rápido como pudo hasta la rosca y ahí, jadeante, la abrazó con todas sus patas, dispuesta a defenderla hasta la muerte.

Durante horas, la hermana limpió toda la casa. Estaba segura de haber limpiado hasta el último rincón. Pero la verdad, es que olvidó por completo limpiar ese único lugar en donde se ocultaba la rosca de Reyes, como si las plegarias de la cucaracha hubieran llegado a oídos de Dios. Después de todo, y a pesar de ser un insecto repugnante, la cucaracha también era creación divina y tenía derecho a un pequeño milagro.

Y un milagro fue también para Ella el ver su casa reluciente como un espejo. Agradeció a su hermana infinitamente el haberla ayudado y, ahora sí con una sonrisa, afirmó que ya no tenía miedo y que empezaría a desempacar en cuanto comieran algo.

Los siguientes días pasaron sin novedad. La cucaracha se cuidaba mucho de toparse con Ella, pues no había olvidado ese grito estridente, y Ella, al no ver a la cucaracha estaba feliz.

Pero no todo era color de rosa, pues una mañana, la cucaracha descubrió con horror que no era la única que se alimentaba de la rosca. Durante la noche había llegado un grupo de gorgojos hambrientos que comían vorazmente. A ese paso la rosca pronto desaparecería y entonces sí moriría de inanición.

Y casi al mismo tiempo que la cucaracha pasaba por tanto sufrimiento, Ella tuvo la brillante idea de limpiar la parte superior de la alacena pues no quería que se acumulara el polvo. Así es que buscó una silla para subirse, y al asomarse vio que su hermana por alguna extraña razón no había limpiado ahí. Eso sí era raro, aunque tal vez ya estaba haciéndose vieja.

Al pasar su mirada por la suciedad, Ella se fijó en la polvosa caja de la rosca de Reyes.

—¿Qué es eso? —preguntó en voz alta, aunque sabía perfecto que se trataba de una vieja caja de rosca de Reyes.

Acercó la silla al lugar en el que se encontraba y la bajó.

La cucaracha, al sentir movimiento, alcanzó a esconderse bajo la poca rosca que quedaba. Y ahí, apretada, abrazada al muñeco, sintió que la caja era transportada a un lugar lejano. Después, la caja cayó y ya no hubo ningún movimiento.

Cuando, después de un rato que consideró prudente, salió de la caja, de haber podido, la cucaracha hubiera sonreído. Lo que había fuera de la caja era el paraíso. Había comida por todos lados.

¿A quién se le antojaba ya esa rosca seca habiendo comida deliciosamente putrefacta por doquier?

Más tarde, cuando llegó la hermana, Ella le contó que había encontrado una rosca de Reyes llena de gorgojos arriba de la alacena y la había tirado a la basura. La hermana sonrió, pensando que nunca le diría que por más que buscó jamás encontró ninguna cucaracha muerta. Esperaba que junto con la rosca se hubiera ido también la cucaracha.

En cuanto a Ella, era mejor que ignorara no sólo eso, sino que había sido el instrumento divino para la salvación de un ser que a los ojos de los humanos carece de importancia, pero que por algo Dios lo puso en este mundo.

Other Books You May Like

Subscribe to Our Newsletter

Share with us you name and email, we promise to be respectful and to protect them like a treasure.

SUBMISSIONS

Call Us

+1 (954) 828 2119

CONTACT US!

Pin It on Pinterest

Secured By miniOrange